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EX NIHILO NIHIL FIT
EX NIHILO NIHIL FIT.(De la nada nada adviene).
En el artículo NADA nos hemos referido a este principio en el pensamiento griego,
contrastándolo con el principio Ex nihilo fit ens creatum de la teología
cristiana. Completaremos aquí la información proporcionada en dicho
artículo con algunas referencias históricas.
El principio en cuestión fue sostenido con toda consecuencia por los eleatas.
Parménides (VÉASE) (Diels-Kranz, 28 B fr. 8, 9) señala que del No-Ser
(«Nada») no puede hablarse siquiera en virtud del principio de que sólo el
Ser es; el No-Ser (la Nada) no es. El Ser ha sido siempre (donde «siempre» no
significa «todo el tiempo», sino más bien eternamente). Meliso de Samos
señala que el Ser no puede originarse o engendrarse, pues en tal caso debería surgir
de la nada, pero si fuese nada, no podría engendrarse de la nada,  (Diels-Kranz,
30 B, 1 [el fragmento es considerado por muchos como una paráfrasis]). Para
Aristóteles no se engendra tampoco nada del No-Ser, pero siempre que este No-Ser se
entienda como  simpliciter; en cambio puede surgir algo de la privación
(VÉASE), en tanto que ésta es privación de algo (Phys., I viii). El
principio de que nada surge de la nada fue afirmado insistentemente por los epicúreos (cfr.
cita de Lucrecio en NADA).
Los autores cristianos, en tanto que mantuvieron la idea de que el mundo ha sido creado de la
nada por Dios, no podían sostener con toda consecuencia el principio de referencia. Sin
embargo, se ha sostenido este principio en lo que se refiere a las cosas creadas. Para el mundo
natural, en efecto, es cierto que ex nihilo nihil fit: «ningún ser creado puede
producir un ser absolutamente»; lo que sucede es que el mundo mismo en su totalidad,
como Ente que es, ha sido creado (cfr. Santo Tomás, S. theol., I q. XLV, art. 5).
Alberto Magno sostuvo, al tratar la cuestión de la eternidad (VÉASE) del mundo,
que cuando se habla de las cosas naturales en el lenguaje natural (de la ciencia natural) —de
naturalibus naturaliter— se puede decir que nunca ha cesado ni cesará la
generación. Egidio Romano y Juan Buridán (entre otros) abundaban en
consideraciones análogas, si bien iban más lejos que Santo Tomás y
Alberto Magno. Cuando se habla de las cosas naturales (cum loquamur de naturalibus) se
puede afirmar el ex nihilo nihil fit (cfr. Anneliese Maier, Metaphysische
Hintergründe der spätscholastischen Naturphilosophie, 1955, págs. 14 y
sigs.). Una cosa es hablar teológicamente; la otra es hablar filosóficamente (o
«naturalmente»). Ahora bien, mientras cuando menos en Santo Tomás los
dos modos de hablar tienen que coincidir en algún momento, no es seguro que ello ocurra
siempre en Egidio Romano y Juan Buridán. Se dice, es verdad, que mientras la idea de
que el mundo ha sido creado por Dios es una verdad absoluta, la idea de que de la nada no ha
surgido nada es una verdad «probable» (a diferencia de los griegos, para quienes era
un principio absolutamente evidente e incontrovertible). Pero hasta qué punto ciertos
autores se acercan a la tesis del ex nihilo nihil fit como principio verdadero más
que como tesis probable, es todavía difícil determinarlo en virtud del modo
«ambiguo» adoptado en algunos de sus textos. Algo semejante puede decirse de los
filósofos de la llamada «Escuela de Padua» (VÉASE) tales como
Pietro d'Abano, Agostino Nifo y otros.
En la época moderna se ha hablado casi siempre como si el principio ex nihilo nihil
fit fuese irrebatible, sobre todo en la medida en que los pensadores se han ocupado de
cuestiones filosóficas y científicas más que de cuestiones
teológicas. Es cierto que al llegar a ciertos límites que rozaban estas
últimas cuestiones se suponía con frecuencia no sólo que el mundo ha sido
creado de la nada, sino inclusive que su existencia depende de una creatio continua
(Descartes) o, si se quiere, de la continua presencia de Dios como Espíritu universal
(Berkeley). El principio que aquí nos ocupa ha servido de hipótesis última
a no pocos de los desarrollos de la ciencia natural moderna, especialmente de la mecánica,
y en muchas ocasiones ha sido vinculado estrechamente al determinismo (VÉASE). Hoy
día no se es tan dogmático en la materia, pero sólo porque se reconoce
que un principio como el apuntado es demasiado vasto para enunciar algo determinado sobre los
procesos naturales; dice poco justamente por pretender decir demasiado.
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