|
PORFIRIO
PORFIRIO de Tiro (232/233-ca. 304), fue
primero, en Atenas, discípulo de Longino y luego, en Roma —probablemente a partir de
262—, discípulo de Plotino. Biógrafo de éste —cuyas Eneadas
corrigió y compiló-, Porfirio es autor, además, de numerosos tratados
sobre muy diversas materias, entre las cuales figuran la matemática, la lógica, la
astrología, la religión, la historia, la retórica y la moral, y de comentarios a
Platón y a Aristóteles. Particularmente conocida e influyente fue la llamada
Isagoge o Introducción al tratado aristotélico sobre las
categorías. Esta obra, comentada por Ammonio, Elías y David, y traducida al
latín por Boecio, tuvo una enorme repercusión en la literatura filosófica de
la Edad Media. Su objeto es el estudio de los llamados predicables (VÉASE), o
cinco voces, y ha sido considerada como la base de la disputa medieval sobre los universales
(VÉASE). Influyentes también filosóficamente fueron sus Sentencias
acerca de los inteligibles, redactadas en forma aforística. Aunque Porfirio
basó principalmente sus ideas en las de su maestro Plotino, acentuó
considerablemente las tendencias eclécticas que se habían abierto ya paso en el
neoplatonismo; no es extraño, por lo tanto, encontrar en los textos de Porfirio intentos de
unir las doctrinas platónicas, aristotélicas y plotinianas con otras de Posidonio y
de Antíoco de Ascalón. Característico de Porfirio es, además, la
acentuación de las cuestiones éticas y religiosas, hasta el punto de que se ha dicho
alguna vez que la filosofía de Porfirio tiene por objeto principal preparar el alma, mediante
la purificación ascética, para la contemplación del mundo inteligible y, en
último término, de la Unidad suprema. Algunas de las principales diferencias entre
las opiniones de Plotino y las de Porfirio pueden entenderse desde el último citado punto
de vista. Entre tales diferencias destaca la concepción que Porfirio tiene de la naturaleza
del mal. Según Porfirio, el mal no reside en la materia, sino en el alma misma en tanto que
ésta no se halla regida por el espíritu inteligible. Pero cuando el alma puede, por la
purificación ascética y la contemplación, desprenderse del mal, puede
efectuar sin otro obstáculo su ascenso, es decir, cumplir con su destino. Así,
mientras Plotino concebía el ascenso como una dominación del mal de la materia,
manifestada en el cuerpo, Porfirio lo concibe como un dominio del alma sobre sí misma.
La clasificación porfiriana de las virtudes es parecida a la plotiniana, pero es más
completa y elaborada. Según Porfirio, hay cuatro tipos de virtudes en sentido ascendente.
Las primeras, e inferiores, son las virtudes de la vida civil, o virtudes políticas, las
segundas son las virtudes catárticas o purificadoras, cuyo fin es la apatía (con
respecto a las pasiones del cuerpo y a las afecciones del alma); las terceras son las virtudes que
encaminan el alma hacia el nous; las cuartas, y supremas, son las virtudes
paradigmáticas, que son virtudes del propio nous y no, como las anteriores,
solamente del alma. Es de observar que Porfirio no consideraba la teurgia (VÉASE) como
una actividad superior, aunque tampoco la descartaba por completo. Desde el punto de vista
religioso, Porfirio defendió celosamente lo que consideraba como la religión
tradicional helénica —y que, de hecho, era una mezcla de ciertos elementos de tal
religión con especulaciones filosóficas— contra sus detractores y, en un tratado
especialmente escrito al efecto, contra los cristianos. A este fin daba interpretaciones
alegóricas de los mitos religiosos populares. El escrito de Porfirio Contra los
cristianos, en quince libros, fue objeto de refutaciones por varios escritores
eclesiásticos (entre ellos Eusebio de Cesárea). Gracias a estas refutaciones se
conservan algunos fragmentos, pues el tratado fue quemado en 435 por orden de Teodosio
II.
Obras: La Vida de Plotino apareció editada por vez primera en la
edición de obras de Plotino (Basilea 1580, y 1615); es usual desde entonces incluirla en
todas las ediciones de las Eneadas (cfr. la bibliografía del artículo sobre
Plotino con la referencia a las ediciones de Harder, Bréhier, Cilento y Faggin; una
edición separada es la de G. Pugliese Carratelli, Porfirio, Vita di Plotino ed ordine del
suoi libri, 1946). Ediciones de la Vida de Pitágoras, trad. latina de Holstenius, Roma, 1630, ed. de Kiessling, Leipzig, 1815-1816; ed. Westermann como apéndice al Diógenes Laercio de Gobet, París, 1950; ed. Walter Burkert [Texte und Kommentare. Eine Altertumswissen-schaftliche Reihe, ed. O. Gigon, F. Heinimann, O. Luschnat]. Las sentencias sobre los inteligibles fueron editadas también por Holstenius en la citada edición de la Vida de Pitágoras, y luego por B. Mommert,
Leipzig, 1907. Una Epístola sobre los dioses demonios, en Venecia, 1947. La De
quinque vocis sive in Categoriae Aristotelis introductio  , en París, 1543
(es usual incluirla en ediciones de Aristóteles, especialmente del Organon;
véase, por ejemplo, la edición de I. Bekker). Véanse los comentarios
griegos de la Isagoge en la edición de Commentaria in Aristotelem graeca
citados en la bibliografía del artículo ARISTOTELISMO (especialmente IV,
3; XVIII, 1, XVIII, 2: comentarios respectivamente de Ammonio, Elías y David). En
cuanto a los comentarios latinos, son importantes, además de los que hizo Boecio a su
traducción (cfr. Pat. Lat. de Migne, LXIV, 71-158), los de Sylvester Maurus, en
el siglo XVII, incluidos en la edición de sus comentarios a Aristóteles (Roma,
1668; reed. por F. Ehrle, t. I, 1885). El De abstinentia ab usu animalium fue editado en
1548 (posterior edición de J. Rhoer, 1767). El De antro nympharum fue editado
por R. M. van Goens en 1765. La Epistola ad Marcellam, por A. Maius, 1816 y 1831. El
De philosophia ex oraculis haurienda librorum reliquiae, por G. Wolff, 1856, reimp.,
1962. Las Quaestionae Homericarum, por H. Schrader, 2 vols., 1880. La
Introducción sobre Ptolomeo, por Hieron, 1559. Del escrito GREEK se
han conservado sólo algunos fragmentos en Macarius Magnes (edición y
traducción de los mismos por A. Harnack, 1916). Véase también la
edición de Opuscula, de A. Nauck, 1886, y del Comentario a la teoría
de la armonía de Ptolomeo, por I. Dühring, 1930 (con trad. alemana y
comentario por el mismo autor, 1934).
Además de los comentarios de los citados autores de ediciones de Porfirio
(especialmente de las más recientes), véase: J. Bidez, Vie de Porphyre, le
philosophe néoplatonicien, 1913. —Amos Berry, Porphyry's Work against the
Christians: an Interpretation, 1933. —Willy Theiler, «Porphyrios und Augustin»,
Schriften der Königsberger Gelehr. Gesell., 10 Jahr. Geisteswiss. Kl. Heft 1, 1933.
—Heinrich Dörrie, Porphyrios' Symmikta Zetemata. Ihre Stellung in System und
Geschichte des Neuplatonismus, nebst einem Kommentar zu den Fragmenten, 1959. —Pierre
Hadot, Porphyre et Victorinus, 2 vols., 1968 [el vol. 2 contiene textos]. —Andrew Smith,
Porphyry's Place in the Neoplatonic Tradition: A Study in Post-Plotinian Neoplatonism,
1974 (tesis). —C. Evangelion, Aristotle's Categories and Porphyry, 1988.
Véase también la bibliografía del artículo
NEOPLATONISMO. Para los intérpretes de la Isagoge, véase A. Rosse,
Die neuplatonischen Ausleger der Isagoge des Porfirios, 1892.
|